1. Escribir es la parte oscura del cuerpo. Es el acto mecánico de las manos impulsado por corrientes eléctricas del corazón al cerebro y que produce en la hoja (física o virtual) un resultado simétricamente estable, estéticamente discutible, anacrónicamente efímero y potencialmente farandulesco. Es, simplemente, una consecuencia de respirar.
2. Todo es válido al momento de escribir: ordenar, elogiar, insultar, ser grosero, puritano, jugar, llorar, distorsionar…
3. Todo tema es válido (sexo, drogas, violencia, homosexualidad, política, racismo, farándula, filosofía, calle, alcohol, etc.), siempre y cuando se apunte a una universalidad sin pérdida de la identidad del escritor. Sin embargo, hay que tratar de evitar escribir sobre amor (especialmente sobre amor de pareja), a menos que lo toque indirectamente. Abundan los poemas y novelas de amor ideal y de sufrimiento por amor. Ampliando la idea, no hay que ser repetitivos.
4. La poesía es un género literario demasiado libre y, en consecuencia, traicionero. En poesía uno puede darse el lujo de escribir lo que uno quiera y decir que significa, otra vez, lo que uno quiera. Por ejemplo, si alguien escribe “el camino / es rojo / como el sabor de los árboles al mediodía” puede decir que esa imagen nace de la visión del árbol que plantó su madre cuando era niño o de la atracción sexual que sintió por una mujer vestida de rojo o de la vez que caminaba en un parque al mediodía comiendo un helado de fresa. En suma, no hay idea definitiva en lo que a poesía se refiere.
5. La narrativa debe ser estructurada lógicamente. Si no lo es, ya no es narrativa, es prosa poética o texto experimental. No obstante, parte de la libertad creadora del escritor es catalogar su obra en el género que le dé la gana. Y, claro, también es parte de la libertad del lector contradecir al escritor si así lo considera. Concluyo entonces que entre los dos géneros literarios clásicos sobrevive una profunda anarquía sin la que la literatura no podría existir.
6. La literatura nunca debe estar por encima de otras actividades. ¿De dónde piensas sacar temas entonces? Si bien, como ya se dijo, escribir es una consecuencia de respirar, para escribir algo aceptable es necesario empaparse de experiencia. Ahora, si no quieres vivir, al menos, por favor, júntate a personas que hayan vivido o estén viviendo.
7. Todo tiene valor literario: los periódicos (especialmente las secciones de política, chismes y farándulas), las revistas de moda y belleza, los libros de ciencias naturales, el teatro (en todas sus variaciones), los enunciados de los problemas de matemática, las canciones, las telenovelas, las miniseries, las películas (art houses y blockbusters por igual), los programas cómicos, los noticieros, la Biblia, Harry Potter y hasta Crepúsculo. Por más que dentro de la literatura haya una anarquía de géneros, en sí misma es democrática: todos tienen cabida para subirse al camión literario.
8. La literatura es un arte para quien escribe y es, en general una necesidad terciaria para quien la consume. Aunque para algunas personas puede ser una necesidad secundaria y transformarse, así, en un servicio. El usuario, entonces, decide libremente qué consumir y nadie tiene el derecho de catalogarlo por eso. Ya se dará cuenta el usuario solo de su bajo nivel cultural en conversaciones en sociedad.
9. No solo se escribe con letras. No solo se leen letras.
10. Escribir es una pérdida de tiempo. A los escritores (los recién iniciados, principalmente) les gusta perder el tiempo soñando que alguien los leerá.
11. Leer es una pérdida de tiempo. Te vuelve demasiado racional y, en consecuencia, débil.
12. Lo mejor es no tener un blog donde publicar lo que se escribe, no publicar tus primeros poemas o cuentos, no publicar con pequeñas editoriales (la mayoría de ellas destinadas a desaparecer irremediablemente), no ganar pequeños concursos que nadie sabe que existen. Después te crees con derecho a hablar sobre literatura y creación literaria como un experto cuando es todo lo contrario.
13. Escribe, en suma, si te da la gana, sobre lo que te dé la gana, de la forma en que te dé la gana. No es necesario llevar talleres de creación literaria. Tampoco leer (pero no sería mala idea y no es una tarea demasiado difícil). Necesitas sí tener cierto criterio de selección (todos lo tienen, algunos más y otros menos desarrollado, pero lo tienen), deseos de intentarlo y mucha, bastante, una paciencia casi infinita para entender que lo mejor era dedicarse a otra cosa, pero que ya te jodiste, pues, qué vas a hacer.
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Juan Pablo Bustamante poesía narrativa creación literaria Fuego de Payaso
2. Todo es válido al momento de escribir: ordenar, elogiar, insultar, ser grosero, puritano, jugar, llorar, distorsionar…
3. Todo tema es válido (sexo, drogas, violencia, homosexualidad, política, racismo, farándula, filosofía, calle, alcohol, etc.), siempre y cuando se apunte a una universalidad sin pérdida de la identidad del escritor. Sin embargo, hay que tratar de evitar escribir sobre amor (especialmente sobre amor de pareja), a menos que lo toque indirectamente. Abundan los poemas y novelas de amor ideal y de sufrimiento por amor. Ampliando la idea, no hay que ser repetitivos.
4. La poesía es un género literario demasiado libre y, en consecuencia, traicionero. En poesía uno puede darse el lujo de escribir lo que uno quiera y decir que significa, otra vez, lo que uno quiera. Por ejemplo, si alguien escribe “el camino / es rojo / como el sabor de los árboles al mediodía” puede decir que esa imagen nace de la visión del árbol que plantó su madre cuando era niño o de la atracción sexual que sintió por una mujer vestida de rojo o de la vez que caminaba en un parque al mediodía comiendo un helado de fresa. En suma, no hay idea definitiva en lo que a poesía se refiere.
5. La narrativa debe ser estructurada lógicamente. Si no lo es, ya no es narrativa, es prosa poética o texto experimental. No obstante, parte de la libertad creadora del escritor es catalogar su obra en el género que le dé la gana. Y, claro, también es parte de la libertad del lector contradecir al escritor si así lo considera. Concluyo entonces que entre los dos géneros literarios clásicos sobrevive una profunda anarquía sin la que la literatura no podría existir.
6. La literatura nunca debe estar por encima de otras actividades. ¿De dónde piensas sacar temas entonces? Si bien, como ya se dijo, escribir es una consecuencia de respirar, para escribir algo aceptable es necesario empaparse de experiencia. Ahora, si no quieres vivir, al menos, por favor, júntate a personas que hayan vivido o estén viviendo.
7. Todo tiene valor literario: los periódicos (especialmente las secciones de política, chismes y farándulas), las revistas de moda y belleza, los libros de ciencias naturales, el teatro (en todas sus variaciones), los enunciados de los problemas de matemática, las canciones, las telenovelas, las miniseries, las películas (art houses y blockbusters por igual), los programas cómicos, los noticieros, la Biblia, Harry Potter y hasta Crepúsculo. Por más que dentro de la literatura haya una anarquía de géneros, en sí misma es democrática: todos tienen cabida para subirse al camión literario.
8. La literatura es un arte para quien escribe y es, en general una necesidad terciaria para quien la consume. Aunque para algunas personas puede ser una necesidad secundaria y transformarse, así, en un servicio. El usuario, entonces, decide libremente qué consumir y nadie tiene el derecho de catalogarlo por eso. Ya se dará cuenta el usuario solo de su bajo nivel cultural en conversaciones en sociedad.
9. No solo se escribe con letras. No solo se leen letras.
10. Escribir es una pérdida de tiempo. A los escritores (los recién iniciados, principalmente) les gusta perder el tiempo soñando que alguien los leerá.
11. Leer es una pérdida de tiempo. Te vuelve demasiado racional y, en consecuencia, débil.
12. Lo mejor es no tener un blog donde publicar lo que se escribe, no publicar tus primeros poemas o cuentos, no publicar con pequeñas editoriales (la mayoría de ellas destinadas a desaparecer irremediablemente), no ganar pequeños concursos que nadie sabe que existen. Después te crees con derecho a hablar sobre literatura y creación literaria como un experto cuando es todo lo contrario.
13. Escribe, en suma, si te da la gana, sobre lo que te dé la gana, de la forma en que te dé la gana. No es necesario llevar talleres de creación literaria. Tampoco leer (pero no sería mala idea y no es una tarea demasiado difícil). Necesitas sí tener cierto criterio de selección (todos lo tienen, algunos más y otros menos desarrollado, pero lo tienen), deseos de intentarlo y mucha, bastante, una paciencia casi infinita para entender que lo mejor era dedicarse a otra cosa, pero que ya te jodiste, pues, qué vas a hacer.
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